
El azul lo impregna todo:
en un instante esboza un cielo
deja una nube intacta
donde respira mi anhelo.
El agua —de pronto— lo toma,
lo vuelve verde y ligero
y con gesto casi ausente
despierta el ramaje entero.
Un breve trazo transforma
al árbol, antes dormido,
en brote de primavera
que insiste en lo no perdido.
Más allá surge el ocre,
se despliega y se disuelve
cuando el agua -ya turbia-
la sombra del monte envuelve.
Un breve instante de calma
donde el llanto pierde peso,
como si el color, al irse,
dejara en mí tu regreso.
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Precioso
… se oye el sonidito del pincel golpeando el vaso de agua turbia… genial…