Me gusta llegar al campo temprano, cuando la luz aún es azulada y el aire todavía huele a noche. Siento como las apestosas abubillas duermen cerca de los aperos de labranza, junto al almendro. Adoro asustarlas poniendo en marcha el tractor y verlas huir con su vuelo naranja contra los primeros rayos de sol. Lo enciendo también para Canelo, que disfruta persiguiéndolas; no sabe que ya es demasiado viejo. A los perros, eso les da igual. Luego vuelve resoplando, todo torpe, agotado, y se sube a mi regazo. Entonces apago el motor y contemplamos el amanecer. Es un buen perro.
Solemos quedarnos así, un rato largo, hasta que Canelo me husmea el bolsillo en el que Petra pone el bocadillo. Lo saco, le doy la mitad, hago una bola con el papel de plata —Petra lo odia, siempre quiere reciclarlo todo— y la tiro lejos, por si Canelo quiere ir a buscarla. Pero ya hace años que no va. Tiene suficiente con las dos carreras que se mete en el cuerpo incordiando a las pajarracas. No tiene las patas para mucho más. Son demasiados años ya.
De hecho, hace mucho tiempo que no voy a buscar las bolas para Petra. Se están acumulando contra el almendro. Hace tanto que no las recojo que el suelo empieza a parecer metálico. Da un color bonito, ayudado por el sol mañanero.
Tampoco hace falta que las recoja, Petra ya no está entre nosotros.
s3r r4Rø
Sin la primera línea de texto de Charlotte Trazit, este microrrelato no existiría. Teníamos un día poco inspirado y decidimos cambiarnos los ordenadores.

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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