Al final tuve que sacar el látigo.
A las palabras, a esas jodidas, las tenía controladas. Pero las putas comas, tontas como académicos drogados, se me rebelaron y montaron un motín.
—¿A dónde van, locas? —preguntaron los puntos, incrédulos.
—Este tío es un peñazo —gritaron airadas—. ¡Que lo aguanten las comillas, si quieren!
—¡Oye! A nosotras no nos metas, ¿eh? —se quejaron las aludidas—. Solo hemos venido aquí a resaltar.
Los puntos suspensivos seguían dudando si añadirse a la revuelta o no, pero los corchetes, los dos puntos e incluso un punto y coma despistado (que pasaba por allí para hacerse un paréntesis) se apuntaron al sarao sin dudar.
Ante semejante caos, corría el peligro de perder el ya de por sí escaso control que había conseguido sobre las palabras; se estaban poniendo tan nerviosas que vibraban ansiosas, carentes de significado en su desorden. Por eso saqué el látigo. Me propuse domar todo aquel maremagnum de puntuación rebelde.
¡Chas, chas!, las asustadas palabras se arracimaban juntas, formando un apretado rebaño.
¡Chas, chas!, las comas, doloridas, caían como moscas.
¡Chas, chas!, algunos puntos suspensivos seguían dudando, pero, acostumbrados a ir de tres en tres, acabaron todos cediendo.
Y ¡Chas, chas! Poco a poco aquel galimatías se iba colocando en su lugar, a regañadientes.
Cuando parecía tenerlo todo bajo control ocurrió el desastre. Los espacios. Los invisibles espacios de mierda. Me atacaron por detrás, a traición.
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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