El reloj de pulsera de Julián no era una reliquia familiar, ni una pieza de lujo, ni un instrumento de alta relojería. Era un reloj Casio de color negroque le había regalado su padre. Era uno de esos relojes que prometen ser sumergibles hasta 100 metros y que nunca nadie había intentado probar por miedo a que se estropeara. Le tenía un cariño especial. Siempre miraba en silencio el segundero mientras pensaba. En muchas ocasiones jugaba con el cronómetro para intentar pararlo en el “00”.
Aquel martes, el reloj se detuvo.
Fue un detalle insignificante. Julián notó que la pantalla estaba en blanco justo antes de entrar en la biblioteca donde estaban reunidos los miembros de la asociación de escritura que le esperaban para dirigir uno de esos talleres que tenía cada martes. En lugar de entrar, decidió irse tres calles más arriba hasta una relojería que parecía haber sobrevivido varios milenios.
—Es solo la pila —dijo el viejo relojero—. Vuelva en diez minutos.
Esos diez minutos fueron la grieta que cambió su destino. Mientras esperaba, vio a una mujer que había trabado su tacón en una alcantarilla y no podía continuar.
No fue un acto de heroísmo, fue un impulso de aburrimiento. Conversaron exactamente tres minutos. Ella le dijo su nombre: Mati. Le dijo que llegaba tarde a una entrevista en una inmobiliaria que había delante de la relojería. Y él le dijo que era un aburrido analista de datos que quería emprender pero, por falta de valentía, no se decidía a montar su propio negocio.
Lo que no sabía Julián en ese momento era que ese casual encuentro reconfiguraría totalmente su vida:
La semana siguiente volvió a la relojería en busca de una excusa para volver a verla.
Seis meses después dejó su trabajo y emprendió su nueva empresa.
Cinco años después, el Casio oscuro seguía en su muñeca. Pero ya no jugaba con él. Se lo enseñaba a una niña de tres años de ojos color miel.
Si aquel reloj no se hubiera detenido, Julián habría llegado puntual a su taller de escritura, un taller que ya no recuerda; habría seguido una carrera de analista de datos aburrida y nunca habría conocido el nombre de la mujer que hoy duerme a su lado.
Relato escrito en el Taller de Escritura Creativa del 27/01/2026
Consigna: “Escribir sobre algo aparentemente insignificante que luego desencadena en algo mucho más importante.”
Palabras propuestas: milenio, silencio, oscuro
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