Cuando vuelve
la ilusión
y te transporta
a esas carreras
al salir del cole.
Ese subir al galope,
de joven desbocado,
los cuatro tramos
de escalera.
Coger la llave
y bajar en alfombra
voladora.
Las escaleras
en las que ya
no hay peldaños.
Y por fin,
con el corazon
saltando del puño,
delante del cofre magico,
abrirlo y ver
si hay carta,
O no.
Carta de la novieta
del pueblo.
De los veranos
en los que exprimimos
las medias naranjas
como si no hubiera
más zumo,
que te quite esa,
esa sed.
Cuando la ignorancia
es tan sabia,
que te permite
descubrir.
Con los sentimientos
a flor de piel.
Y ver de que colores son
y a qué saben.
Con la piel ruborizada
dispuesta a ser rozada.
Y con los labios por estrenar.
en cada beso.
Cuando la ilusión
es tan virgen y novata
que se cree inmortal,
que nunca será herida.
Ilusión con alas
que un día se va
sin más.
Hasta que vuelves
a verla volar.
Y te subes
en ella,
como nuevo.
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