—A ver si me entiende, no sé lo que hago aquí.
—Ha cometido usted un delito —aclaró el caporal.
—No. No es verdad.
—Se le pilló con el arma en las manos, aún humeante, señor.
—No me llame señor, me hace mayor. Le repito que yo no fuí, guardia. Iba a comprar las entradas para el concierto cuando se me acercó aquel hombre, me dio la pistola y se marchó a toda prisa.
—No me llame guardia, soy caporal. Y perdone que no le crea, querido. La fallecida es su exmujer.
—¡Bah! Casualidades…
—Era la cantante del grupo. Y usted es coleccionista de armas…
—Circunstancias…
—No hace mucho, la difunta le echó de la banda.
—No valoraba mi arte…
—Se publicó una entrevista en la que su exesposa afirmaba que usted era el peor guitarrista que oyó jamás.
—Pura envidia. Tenía que justificar mi despido.
—Amenazó con matarla por televisión, querido. Y, en todo caso, ha sido ya juzgado y declarado culpable. ¿Alguna última voluntad?
—Desearía tocar una vez más mi guitarra.
—No la tenemos aquí. Además, le escuché una vez en concierto y su mujer tiene razón. Mucha razón.
—¡Ah! Qué contrariedad. Bueno, pues deme usted un pitillo.
El caporal le acercó el paquete. Al tener las manos atadas a la espalda tomó el cigarrillo directamente con los dientes, aceptó el fuego que le ofrecía el militar y dió una poderosa calada.
Casi se ahoga. Empezó a toser y a llorar, tratando de llevar algo de oxígeno a sus obturadas vías respiratorias.
—¡Usted no fuma! —se sorprendió el caporal.
—Tonterías. Páseme otro, señor guardia, que con la tos tonta se me ha caído.
—Pero…
—Es mi última voluntad.
El caporal encendió él mismo otro cigarrillo y lo puso en los labios del condenado. Dió unos pasos cautelosos hacia atrás.
—¡Caballeros! ¡Antes de que se nos asfixie el reo, por favor! —gritó, apresurado—. ¡Fuego!
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
Descubre más desde Barcelona Escribe
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


