Entre las muchas tonterías que atesoro sobre mi vida, está la de compartir cumpleaños con Charles Baudelaire. Nada que ver conmigo, por supuesto, tengo cero talento para la poesía. En 2025, coincidiendo con mis sesenta, el poeta habría cumplido doscientos cuatro años.
¡Para levantar un peso tan abrumador,
Sísifo, sería menester tu coraje!
Por más que se ponga amor en la obra,
El Arte es largo y el Tiempo es corto.
Murió a los cuarenta y seis, de sífilis. Tampoco nada que ver conmigo, con la «ajetreada» vida sexual de la que hago gala, tengo muy pocas probabilidades de pillarla.
También comparto cumple con Hugh Hefner, el del Playboy.
Sufría un día de esos de perros. Andaba bajo la lluvia, enfadado con los charcos, con el pensamiento pendiente de decidir cuál de los dos personajes me representaba más. En mi deseo iba ganando Hefner, por supuesto.
Tanto cavilar me desorientó. Me metí por un callejón sin apenas darme cuenta, supongo que por culpa de algún viejo camino que mi ajada juventud recordaba de manera inconsciente. El caso es que me atacaron olores olvidados. La ropa se vio incapaz de defenderse de la humedad, del fango. Las aceras anegadas me obligaron a fijarme dónde ponía los pies. Pero la oscuridad, malvada por aquellos lugares, puso musgo debajo de mi zapato, justo cuando daba un saltito grácil que no lo fue tanto. El resbalón acercó el suelo hacia mi cara a bastante velocidad, la suficiente como para hacerme perder el sentido.
Aparte de los veinte minutos inconsciente en el suelo y de los veinte puntos de sutura que posteriormente recibió mi ceja, que se sintió muy atraída por el bordillo durante la caída, quiso la fortuna hacerme caer justo delante de un rinconcito, entre una cloaca y un adoquín suelto, en la que hace años, cientos, miles de años, se escondió mi viejo mechero de gasolina. Reencontrarme con ese tesorito de adolescencia me alegró el día. Bueno, en realidad no demasiado: el encendedor estaba muy oxidado. Además, ya no fumo. Pero tampoco me iba a quejar, ¿no?
Momentos felices.
¿Qué habría dicho Baudelaire?
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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