Homicida, Psicópata y Mermelada…
… eran tres plantígrados que conocí en mi época conservacionista. Tres enormes osos pardos a los que teníamos que proteger del azote de la civilización. El problema es que nadie nos protegía a nosotros de ellos. Una noche nos pillaron desprevenidos. Después de cargarse a mis dos compañeros, Homicida me arrancó la mano y Psicópata se puso a jugar con ella. Suerte de Mermelada. Me vió jodido y le entró el instinto maternal. Se mantuvo sobre mí toda la noche hasta que llegaron los del rescate. Desde entonces tengo una idea bastante aproximada del concepto «abrazo de oso».
Y ahora, como obviamente comprenderéis, soy manco.
Enfadado con el mundo, envié a la mierda lo del conservacionismo, pillé un hotelucho en Las Vegas y decidí que me gastaría lo que me quedaba de pasta en juego y mujeres.
No tenéis ni idea de lo complicado que es jugar a la ruleta con una mano. Se te caen las fichas, los billetes, todo. Y lo de las chicas, pues… tampoco tenéis ni idea de lo complicado que es que se te acerque una cuando te ven manco. Ni siquiera las putas. Un desastre, vamos.
La desesperación me llevó a dar largos paseos por la vida nocturna de la ciudad, bajo la cúpula de luces de neón… Y yo, que soy muy de mirar hacia arriba, hacia las estrellas, iba chocando con gente anodina que me veía como un simple borracho, un drogadicto. Ni eso puedo: hepatitis B. Me sientan mal hasta los ibuprofenos. Un día, huyendo del bullicio y de tanto despropósito de luz artificial, me senté en un banco para contemplar la Luna. Y esta me iluminó. Literal y metafóricamente hablando.
Y aquí me tenéis. Cuesta aguantar una recortada con una sola mano, la apoyo directamente sobre el muñón. Espero no tener que disparar. Para eso ya tengo a mis compañeros, señor Homicida, señor Psicópata y señora Mermelada. Vamos los cuatro con caretas de osos (¡yo soy Yogui!).
Esto de atracar casinos es incluso mucho más divertido de lo que pensaba. Aunque creo que no acerté al poner los motes, señora Mermelada acaba de degollar a uno de los guardias con su machete. Dice que no le gustan las pistolas. Lunática…
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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