Qué desgarro, el mío,
Que viene con prisas.
Y le acompaña el frío
Que todo lo hiela,
Como las vidas
Siempre yacentes
En las anchas veredas.
No hay costura que sobreviva
A tal hazaña, ni cordura.
Rompámonos, pues,
En mil pedazos,
Hasta que la noche caiga
Sobre nuestras desafortunadas,
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