ANA:
Me desperté sola unos minutos antes de que suene la alarma del móvil, y me felicité por eso. Cerré cuidadosamente la puerta de la habitación donde estaba durmiendo mamá y caminé sigilosa hasta el baño esquivando las palomitas de maíz desparramadas en mi camino. Antes de entrar a bañarme pensé en recoger al menos los platos y copas de la mesa sabiendo cuanto le molesta a ella el desorden, pero quería asegurarme de no despertarla tan temprano con ruidos, porque si hay algo que mamá odia es madrugar, así que decidí dejar todo así. Ya lo ordenaría a mi regreso por la noche.
Aún no se me fue del todo el moretón que me quedó en el codo al golpearme con la mampara para atajar el frasco de la crema de enjuague que se caía; un ruido así hubiese bastado para que se despierte.
Así que me vestí y salí de casa con el cabello mojado, solamente encender el secador hubiera sido fatal; pero eso sí, le dejé la cafetera encendida y lista para el capuchino con un cartel: “solo aprieta el botón verde”, y antes de irme decidí escribirle una nota:
“Buenos días mamá! no son aún las ocho de la mañana, así que hice el menor ruido posible para no despertarte tan temprano. Espero que el vino no te haya dado jaquecas como a mí… hemos bebido mucho! Bueno, nos veremos en unas semanas para ver la tercera de los Monty Python que estoy segura te gustará más aún que la de anoche. En la cocina encontrarás todo para que desayunes.
Un beso!
Ana.”
Con cinta adhesiva fijó la nota en la puerta de la habitación de su madre.
MADRE:
Un débil rayo de sol que logró pasar por una rendija de la persiana fue directamente a mi cara. Abrí los ojos y recordé que no estaba en mi casa. Repasé imágenes de la pizza de anoche, el vino tinto, y de esa película inglesa. Tomé mi ropa de la silla y me vestí deprisa para salir del cuarto.
¿Hola? Buenos días…¿Ana?…¿Ana, estás aquí? …¿!Ana!?
Las persianas bajas de la sala igualmente me permitieron adivinar el sofá desordenado y los cojines apilados, la mesa que aún sostenía copas y platos usados, y las palomitas de maíz decoraban aleatoriamente la alfombra mientras el control remoto de la TV emergía vencedor sobre una multitud de servilletas de papel abolladas.
–“No lo puedo creer. ¿Cómo pueden sucederme estas cosas todavía?”
Cogí papel y un bolígrafo, e hice un espacio en la mesa para poder escribir:
“Ana, no sé qué pensar ya de ti. Pareciera que sólo te importa tu trabajo y ver películas, y dejas relegadas a un segundo plano las relaciones personales, incluso las más importantes. De cualquier modo seguiré siendo tu madre, sabes? Tan apurada estabas? Cómo pudiste irte sin saludarme, sin siquiera despertarme para tomar juntas un café?
Mira, había pensado en limpiar todo este desorden que dejamos anoche antes de irme y hasta limpiar y aspirar la sala; pero me siento tan maltratada y abandonada que solo deseo salir de aquí. Me he maquillado en menos de cinco minutos porque siento que me has echado, y quiero irme cuanto antes.
Mejor trata de revisar cómo te relacionas con los demás porque estas actitudes tuyas son sin duda las causantes de que te encuentres sola, sin pareja y casi sin amigos.”
Dobló la hoja de papel al medio y escribió en el reverso con letras muy grandes ANA.
Buscó un lugar fácilmente visible en donde dejarla, y decidió apoyarla al lado de la TV.

Argentino/Italiano
Diseñador e Ingeniero Industrial.
Músico-compositor
Escritor de relatos.
Descubre más desde Barcelona Escribe
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

