
Esteban es el nombre que me asignó Ricardo Muñoz, el celebrado autor del Premio Planeta 2042.
Ganador con el título “La Última Estación” el cual ya iba por su decimosegunda edición.
El libro narraba el día a día de una ciudad donde todos sus habitantes superaban los 80 años y yo con 37 años estaba metido en este libro por un error del celebrado autor que se olvidó de sacarme de él.
Qué tortura era cuando el autor firmaba libros y la punta del bolígrafo se me clavaba en la mejilla o cuando algunas librerías hacían montañas de libros con la “La Ultima Estación” y el peso de estos me aplastaba la cabeza.
El libro era todo un éxito de ventas, pues daba una luz de esperanza e ilusión a millones de lectores en todo el mundo.
En ninguna de las páginas “La Última Estación” se hablaba de dolores de espalda o de rodilla, de hecho en el libro no aparecía ningún médico ni ninguna farmacia.
Explicaba cómo los habitantes de esa ciudad, seres humanos muchos de los cuales nunca se habían enamorado, o no de esa manera, conocían, en ese momento de la vida, por fin el amor.
Descubrían asombrados lo placentero y maravilloso que podía llegar a ser un beso, un besito o un besazo.
Sí, sí, todo muy bien y muy bonito.
Ricardo Muñoz me menciona al principio del libro como el conductor de autobús que traslada a los nuevos habitantes de la ciudad y luego se olvidó de mi personaje .
Y ahí me quedé atrapado en este libro.
El libro estaba impreso y nunca jamás iba a poder salir de ese mundo que no era el mío.
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