Se me van cayendo.
De tan gastadas las voy perdiendo por todas partes. Las putas metáforas me tienen hasta la coronilla. Se me han vuelto suicidas, las muy cabronas. Ahora se llaman a sí mismas «matáforas», y no pierden oportunidad para hacer balconing desde mis despistadas neuronas. Ya no sé dónde meterlas para que no se escapen.
Las puse en la cajita de las metonimias, que de esas conservo menos, muchas menos. Pero se llevan fatal y acaban todas empotradas contra la madera. Y de mezclarlas con las comparaciones, ni hablemos; me sobran tantos símiles que los tengo embutidos en cubos rebosantes. Si las dejo allí con ellos, terminan ahogadas en lo hondo.
Así que, para que no se me extravíen, me las estoy tatuando.
Sí, sí, ya sé que dije que jamás me tatuaría, que si alguna vez lo hacía me dibujaría una fusa en el pecho, un poco a la izquierda, entre pezón y esternón, para tener la música cerquita del corazón. Pero la cabrona de la música me abandonó.
Una vez, mi novia me preguntó que por qué una fusa, que en una semifusa o una garrapatea cabían más notas. Me puse a pensar en ello, pero, pensando pensando, la cabrona de mi querida también me abandonó.
Y ya me veis, aquí, tratando de retener mis «matáforas» en el tatuador. Por fortuna tienen toda la espalda para ellas solas. Si no, me las tendría que haber grabado en la cara o en el culo.
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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