Cuando Sonia Preboste me pidió los ojos, con la voz aún coagulada por los vapores del sexo, no pude evitar hacer la broma:
—Solo tengo uno, el del culo —le solté.
¡Ya la has cagado, bocazas! La has perdido, pensé. Pero no, nada más lejos de la realidad. Se le escapó una carcajada salvaje y cerró las piernas con fuerza alrededor de mi cintura. De repente, me agarró los mofletes con una mano y clavó el índice de la otra en mi cuenca derecha, con tanta fuerza que casi me revienta el lagrimal.
—¡Estos, estos! —insistía.
—¡Pero qué burra eres! —le grité, tratando de apartarme.
—Es que son tan chulos, tan verdes… —y reptó sobre mí para ponerse a masajear con los pezones mis párpados llorosos—. ¡Quiero sus ojos, señor! ¡Necesito sus ojos!
Mientras me defendía del abrumador ataque de mimos, no pude evitar recordar la escena de la película Blade Runner en la que los replicantes Roy Batty y Leon Kowalsky visitan a un viejo fabricante de globos oculares en busca de información. Mientras el primero preguntaba al bioingeniero dónde podían encontrar a su creador, su compañero jugueteaba paseando ojos sacados de una cisterna sobre los hombros del asustado anciano…
Me incorporé de golpe. Atrapado todavía entre sus piernas, nos quedamos los dos sentados en la cama, frente a frente, desnudos. Estudié su cuerpo: aquella cara, aquellos hombros, sus pechos, su vientre… Bajé las manos a sus caderas, la atraje aún más y contesté, al fin:
—¡De acuerdo! Tuyos son.
Y con un rápido gesto, me los saqué y se los di. Tan solo noté la tensión de la sorpresa en sus manos al recibirlos.
Me hubiese gustado ver su cara.
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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