Hay un problema recurrente con lo de viajar en el tiempo. Y no, no es todo aquello de las paradojas temporales o lo del típico sujeto que se niega a abandonar una época que no le corresponde, no. El auténtico problema es dónde dejar la puñetera máquina una vez has aterrizado.
Lo digo en serio. Sin ir más lejos, en mi anterior viaje me tuvieron que mandar otra desde el siglo III d.C porque la mía se la habían llevado una manada de mandriles traviesos mientras sacaba fotos del Taj Mahal en construcción. Supongo que serían mandriles, no entiendo mucho de monos y no sé si los hay en la India. Tenían el culete azul y unos dientessss…, a mí me dan mucho miedo. Los muy cabrones aparecieron después en el cuatro mil y pico, evolucionaron muy deprisa y montaron una facción disidente a la sociedad humana, aliada con los conquistadores del Eje Martevenusiano. ¡Se cargaron el movimiento migratorio de los europeos al planeta enano Makemake! No veas qué pollo me lió el jefe…
Esa es la razón por la que he decidido miniaturizar mi cronotransporte. Cogí el mecanismo, eliminé todo exceso superficial y lo metí dentro de una cantimplora. Es una que normalmente suelo llevar llena de whisky, para calmar un poco los nervios, que esto de las migraciones temporales genera mucha ansiedad y hay que templar el alma.
Aún no la he estrenado, pero tengo la esperanza de que funcione. A ver, a ver… que lo lleve todo: gabardina negra, salacot, mechero, bazooka portátil, boli, macuto a la derecha, cantimplora temporal a la izquierda… ¡Ostras! Y ahora… ¿dónde pongo el whisky?
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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