—Buenas noches, preciosa. Que folles mucho con los angelitos.
—Los angelitos se sueñan, no se hace el amor con ellos. No tienen sexo.
—¡Demuéstramelo!
Quedé toda pensativa. No recordaba haber tenido ningún ángel como cliente. Bueno, ninguno hasta que llegó Ángel.
***
—Ángel Robledo, exterminador —me dijo mientras me entregaba una tarjeta y señalaba a la furgoneta aparcada en la calle junto a la cristalera del lupanar. En el lateral se dibujaba el mismo logo que en el ajado trozo de cartón: una enorme rata con equis por ojos y la lengua fuera—. Necesito un buen servicio, he tenido un día de perros. Bueno, no, de ratas.
Y esa fue la primera vez que me trataron como una reina.
También la primera que me enamoré.
Me invitó a cenar. Decliné; solo llevaba encima un body tentación rojo y no me veía en la mesa de un restaurante. A él le dio igual mi reticencia.
—Quita, quita. Conozco una taberna, «La insensata», donde les importa una mierda cómo vayas vestida y hacen unas hamburguesas estratosféricas. Además, por el estómago entra la droga natural, la dopamina. Estás muy flaca, has de meter proteína ahí dentro. Eres demasiado guapa para que se te vea el hambre.
Y así acabamos, Ángel y yo, disfrutando de sendas cocacolas y de una enorme montaña de carne picada con patatas compartida que no tardamos en seguir compartiendo después en su cama. Y aquello no era sexo, no. Era amor.
Diego, mi proxeneta, murió un par de días más tarde.
—Una intoxicación, no pude hacer nada —dijo el médico que lo atendió de urgencias mientras cerraba la bolsa con su cadáver. Ángel puso aquella sonrisa dulce tan suya, tan… angelical…
***
Y así hasta hoy. Ya no trabajo en el lupanar. Ya no necesito el tentación colorado. Voy siempre desnuda bajo mi bata de boatiné, preparada para amar. Me dedico a cuidar a mi exterminador, a mi ángel de la guarda.
—Tienes razón, no te lo puedo demostrar. Tú, tú sí tienes sexo, angelito mío.
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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