La voz incorpórea suena desde algún punto indeterminado de la sala.
—A ver si me entiendes. Lo del teletransporte tiene trampa: ya no eres la misma persona, eres una reproducción exacta de la que estaba en el punto de origen, ¿lo pillas?
Sola, totalmente desnuda, nuestra viajera de las estrellas salta de la impresora láser, soltándose de las nervaduras que la mantienen anclada a la máquina. Hay espejos pero no se reconoce. Algo está fallando…
—Y entonces, ¿qué pasa con la original? ¿Me estás diciendo que hay una copia exacta de mí a catorce mil años luz?
—¡Que nooo! Piensa que el proceso de lectura es tan profundo, tan intenso, que el original queda totalmente pulverizado, apenas cenizas.
—¿Y eso no es peligroso?
—Un poco, sí. Hay que hacer la lectura en unas condiciones de aislamiento absoluto. Cualquier perturbación, cualquier sonido inoportuno, puede alterar de manera drástica el resultado final de la copia.
El lugar está en penumbra, parece un calabozo. Hace frío, pero no demasiado. Humedad, la justa, para evitar la sequedad de la piel recién impresa. Los espejos le devuelven una imagen inquietante, pero aún no es capaz de adivinar qué es.
—No me acabo de reconocer.
—Tranquila, es normal. Se tarda un poquito en recuperar la total consciencia de ti mismo, perdón, de ti misma…
En una silla cercana cuelga el traje: gris marengo, pantalones de pinzas, mocasines marrones, sombrero fedora, camisa blanca de cuello Mao… Estupendo, sin corbata, piensa.
Antes de empezar a vestirse se planta delante de su propia imagen y realiza un arabesque. Hermosa, soy muy hermosa. ¡Qué cuerpazo tengo! Cambia a plié, justo cuando suena el timbre de apertura de la puerta y entra la propietaria de la voz.
—¿Te ayudo a ponerte la ropa?
—Pero…, no puedo…, ponerme ese traje… ¡Ahora lo recuerdo…! ¡Yo antes era un hombre!
—Ya te lo dije. Lo del teletransporte tiene trampa: ya no eres la misma persona, eres una reproducción, en este caso inexacta, de la que estaba en el punto de origen, ¿lo pillas?
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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