Cuando los médicos descubrieron mi extraña enfermedad, mi escoliosis ya era monumental. La espalda estaba perdida. Más que vértebras, parecían meandros de tanta extraña curva en mi osamenta.
Sufrir desfase lateral temporal crónico (DLTC) no es fácil. No existe ningún elixir milagroso. Que tu lado derecho vaya a una velocidad diferente de la del izquierdo convierte la vida en un ejercicio de supervivencia extremo. Hay días que voy tan cruzado que ando dando piruetas como un derviche. He sufrido ya un par de desprendimientos de retina. Mi oído interno también está a punto de colapsar, el mareo ya es constante. Pero lo que más me jode es que es culpa absolutamente mía (si me está permitido usar la fórmula adverbio/posesivo, que los literatos se me ponen pejigueros).
Culpa mía, repito. No tanto por ser bipolar, que también, si no por esa manía mía del «culo veo, culo quiero». Os cuento: decides hacer el sacrificio y te vistes del Decathlon, empiezas a correr y te das cuenta de que la gente pasea tranquila a tu alrededor. Ataquito de envidia. Te paras. Andas con las manos en los bolsillos (casi no te caben las manos, los de los pantaloncitos del Decathlon son tan pequeños que apenas cabe el móvil y las llaves de casa), mientras miras el paisaje y los pajaritos. De repente, ¡zooom!, te adelantan cuatro gañanes a toda velocidad. ¡Mierda, segundo ataque de envidia…!
… y no sabes que hacer…
… y buscas extrañas soluciones…
… y decides correr con un lado y andar con el otro…
… y lo del curro tampoco ayuda: viene tu jefe y te dice que no hay prisa, pero que le iría bien tenerlo esa misma tarde para enseñarlo en la reunión y quedar bien con el departamento, aunque tampoco interesa que vean que podemos trabajar tan rápido, que luego todo son prisas. Así que acabas relajando la mano izquierda junto con tu hemisferio cerebral derecho, mientras el izquierdo ordena a tu mano derecha que la parte que no hay que entregar aún sea terminada a toda prisa…
… y no sabes que hacer…
… y buscas extrañas soluciones…
… y decides no terminar lo que ya está terminado…
… y así vuelves a estar…
… torcido.
No sé, queridos. Vivir en semejante desfase es una mierda. Ahora mismo voy a cargarme la cuarta pared y os voy a pedir ayuda. Esperad un momento, que voy a por un mazo…
s3r r4Rø

Corría el 2020 pandémico. En un ataque de locura, inició un sinvivir de autoedición compulsiva. Desde entonces ha publicado las recopilaciones de microrrelato y relato corto Nunca pasa nada, Fauna L-m3nt4l, r4Rørrelatos, Para leer en voz alta, Susurros a gritos, Relatos dispersos y sus dos primeras novelas cortas, Cuando nadie nos ve, obra episódica sobre las desventuras de un hombre invisible, y Arqueología Temporal, con unas cuantas suposiciones acerca de cómo se vería un mundo con máquinas del tiempo. Colaborador habitual de BCNescribe, ha participado en sus libros grupales El hotel de las musas y Cachitos (de tierra, fuego, agua y aire), en la revista LaRosa y actualmente trata de coordinar el taller semanal de los martes. También se ha atrevido con un catálogo de sus ilustraciones, Mimbølokus, y con su primer libro infantil ilustrado, Trencaestels i els follets de l’espai (versiones color y para pintar).
Anteriormente divulgó en redes más de un centenar de escritos bajo el pseudónimo s3r r4Rø, material que puede ser consultado en la web www.macrorraro.com, el cajón de sastre virtual del autor.
Entre otros proyectos variopintos, entre los que se encuentran muchos perros verdes, sigue batallando con los últimos capítulos de Columnas de humo, su interminable intento de novela larga.
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