El pasado 18 de abril, Barcelona Escribe vivió una jornada especial. Más que una simple presentación, fue el punto donde convergieron el final de un intenso proceso creativo colectivo y la promesa de una nueva etapa para la asociación.
El escenario fue el Centro Cultural Ronda Barcelona, que acogió la presentación de Tras el mosaico del beso, una obra colectiva nacida de los talleres literarios que la asociación impulsa semana tras semana. El título, inspirado en el emblemático Mural del Beso, situado cerca de uno de los espacios donde han ido tomando forma los relatos y poemas que integran el libro, sugiere que la ciudad misma ha acompañado el proceso creativo.
La afluencia superó todas las previsiones y la sala se llenó por completo, confirmando el interés y el vínculo que este proyecto ha generado.
La presentación, conducida por Andrea Simpson, vocal de la asociación y también autora del libro, destacó por su cercanía y fluidez. Bajo su guía, el acto fluyó con naturalidad, intercalando lecturas emotivas, reflexiones sinceras y momentos de complicidad. Cada intervención aportó una mirada distinta: voces que leyeron, que compartieron, que dieron sentido al acto de escribir en comunidad.
Abrió la sesión Federico Firpo Bodner, autor y nuevo presidente, quien compartió su visión sobre el presente y el futuro de Barcelona Escribe. A continuación, se sucedieron las intervenciones de Araceli Borque, Pilar Luna —quien también dio su voz a Irene Cumplido y Elena Ferran—, Assun Fernández Bernal, María Paula Ortega, Aurora Trigo, Aramis Tango y la propia Andrea Simpson, que leyó textos de Einav Hannah y Concha Mayo. Entre todos fueron tejiendo una tarde de literatura viva, en la que las palabras trascendieron el papel. El volumen reúne además a autores como Jònia Anatòlia, Miguel Klainman, Tairan Lin, Rodolfo Daniel Porreca, Mònica Roldán y Manu T.
El libro cuenta con el prólogo de David Rabadà i Vives y con el trabajo esencial de Enric Gisbert, responsable del diseño, la maquetación y la corrección final.
El cierre de la jornada estuvo a cargo de Mònica Roldán, autora y secretaria de la asociación, cuyas palabras pusieron el foco en lo esencial: más allá de cualquier cambio, permanece intacto el impulso de escribir, de escuchar y de compartir. Un impulso que no es individual, sino colectivo, y que constituye el verdadero motor de Barcelona Escribe.
El evento culminó con una ronda de agradecimientos a autores, socios, talleristas y a todos aquellos que apoyan el proyecto, tanto interna como externamente. La invitación final fue clara: celebrar el camino recorrido, el nuevo libro y todo el caudal de historias que aún esperan ser escritas. Pues, tal como se demostró esa tarde, la asociación Barcelona Escribe es también un espacio común en constante construcción, donde la escritura sigue siendo una forma de encuentro y de continuidad.
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