
Y de repente sonó la campana y todo terminó.
Sentía escalofríos por todo el cuerpo, esta vez estaba viendo las estrellas.
Sentía como el calor de la sangre recorría mi cara.
Fueron los minutos más largos de mi vida.
Y de repente sonó la campana y todo terminó.
Durante esos minutos de sufrimiento toda una galaxia de conocidos cruzaron por mi mente.
Aquel maestro sin vocación que siempre me decía que era un idiota.
Aquel jefe déspota que tantas veces me despreció.
Aquel amigo de un amigo que me estafó 3.000 euros.
Aquel abogado ganador del premio a la mentira, si estos primeros premios existiesen.
Aquel hombre que enamoró a la chica de la cual yo estaba enamorado.
Todos iban pasando por mi mente y todos me estaban ayudando en ese momento de mi vida.
La rabia y el odio que sentía por ellos era mi mejor fuerza.
Su recuerdo pasaba primero por mi cabeza y directamente a mis puños.
Y así fue que gracias a todos ellos, a los seres más indeseados que había conocido en mi vida.
Gracias a ellos me acababa de proclamar, por puntos, Campeón del Mundo de Boxeo.
Descubre más desde Barcelona Escribe
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

